Capítulo siete:
La puerta se abrió y un chico ingresó, besándose con una chica. Los dos se disponían a desplomarse en la cama cuando vieron la escena.
Para mi alivio el chico era Gregorio, y al ver mi rostro horrorizado comprendió todo.
-¡Hijo de puta, soltá a mi hermana!- dijo, derrumbado a Facundo de una puñetada.
El estado de Facundo era deplorable, y ni siquiera pudo ponerse en pie. Yo me arreglé un poco el vestido y salté a abrazar a mi hermano, sin poder parar de llorar.
-Tranquila amor, no pasa nada, estoy acá con vos, no me voy a ir.
Quise decirle gracias, pero ni siquiera podía articular palabra. Me sentía en estado de shock, y todo lo que quería hacer era abrazarlo más y más fuerte. Pasados unos minutos el me sentó en la cama y le pidió a su acompañante que me trajera un vaso de agua. Dicho esto se acercó a Facundo, pero este seguía tendido en el suelo.
-El muy estúpido estaba tan ebrio que se quedo dormido, más le vale no despertase, porque juro que lo mato.
-Creo que esta drogado también, no sabía lo que hacía.
-¿Cómo podés defenderlo después de lo que casi te hace?
-Tenés razón, es que, todavía no puedo asimilar lo que paso. Si vos no hubieras llegado…-comenzaron a caer gruesas gotas de mis ojos.
-No pienses en eso Sofi, lo importante es que no paso nada y estas bien.
-Gracias hermanito, no sé que haría sin vos
Le dediqué una sonrisa y él me la devolvió, simplemente no podía estar más agradecida con él, me había salvado de vivir un momento espantoso y le estaría en deuda para el resto de mi vida.
En ese momento llegó la chica que estaba con Gregorio con un vaso de agua. Lo tomé pausadamente y se lo devolví.
-Creo que es hora de que nos vallamos a casa.- dijo Grego
Yo asentí
-Agus, otro día seguimos con lo que estábamos, ahora me vas a tener que disculpar, tengo que llevar a Sofi a casa.
-Esta perfecto Grego, otra vez será.
Dicho esto Gregorio se le acercó y le dio un corto beso, seguido de un gracias. La chica quedo con una sonrisa tonta y yo reí para mis adentros, mi hermano si que sabía como tener a sus pies a una mujer.
Salí de la casa abrazada a Grego y por suerte nadie notó nuestra partida. Cuando llegamos a nuestro hogar él me acompaño hasta mi cuarto. Cuando llegamos al umbral de la puerta le dije:
-Grego, estoy por demás de agradecida por lo que hiciste, pero te voy a tener que pedir un último favor.
-Lo que quieras So.
-No le digas a nadie lo que pasó, y menos a mamá y papá.
-Pero…
-Por favor- dije suplicante
-Está bien- dijo de mala gana
-Y hay algo más
-¿Qué?
-No le hagas nada a Facundo
-¿QUÉ? Pero ese idiota casi hace que pierdas la inocencia, ¿y vos pretendes que lo deje pasar por la vida como si no hubiera hecho nada?
-Es que no vas a cambiar nada lastimándolo, lo que pasó, pasó y no voy a permitir que vuelva a pasar.
-¡Pero Sofía!
-Te lo ruego Gregorio, no le hagas nada.
-Tenés suerte de que te quiera tanto
-Gracias- dije, abrazándolo.
Nos despedimos y me acosté en mi lecho, aunque sabía que no podría dormir. Comenzé a pensar, pero simplemente aún no me era posible entender como todo había sucedido.
Facundo me había decepcionado, y aunque quería perdonarlo, el poco sentido común que me quedaba me decía que lo olvidara, que algo mejor llegaría. Sin embargo, siempre había pensado que él era lo mejor, mi otra mitad, lo que me completaba y descubrir que no era asi me destruía por dentro. Comencé a llorar y a pensar de qué manera tan curiosa la vida cambiaba de rumbo. Unos días antes me quitaba el sueño el viaje a Buenos Aires con él, y que pasaría allí. Al menos ese problema ya se había solucionado. También pensé en lo estúpida que había sido al discutir con mis amigas y distanciarme de ellas por su culpa, sin dudas lo primero que haría sería disculparme por no haberlas escuchado, en especial a Pau, tenía toda la razón.
El cansancio por todo lo ocurrido esa noche me venció, y al poco tiempo me quede profundamente dormida.
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