Capítulo diez:
Después de
interminables horas de viaje llegamos a la capital.
-¡Al fin! ¿Un
poco más lejos no podías estar Buenos Aires, no? ¡Qué agotador, por Dios!
-Bueno Pau, no
seas exagerada, por lo menos ya llegamos, y tenemos una semana para hacer casi
lo que se nos de la gana.
-Pero si vamos a
estar todo el día con los profesores que no nos dejan hacer nada.
-A la mañana, la
tarde la tenemos libre.
-¡IIIIIIIUJUUUUUUUUUUUUU!-
gritó Paula a todo pulmón.
-Señorita
Vinte-Carletti, se puede saber ¿qué le pasa?- pregunto uno de los miembros del
cuerpo docente
-Nada profesora,
nada, es la emoción.- Argumentó Paula
-Si pusiera tanto
entusiasmo en lo estudios sería la mejor de la clase.- dijo el profesor,
retirándose.
-Jajajajaj,
¿aprendió señorita Vinte-Carletti?- dije, burlándome de Pau.
-Ja ja, muy
graciosa, mejor ayudame con esta valija que pesa el doble que yo.
Entre risas y
bromas nos encaminamos a la habitación del hotel. Lo cierto es que era muy
bonita. Era bastante amplia y cómoda. Las camas estaban impecablemente hechas y
todo relucía.
-Wow, que lujo.
Nada que ver con las cabañas a las que nos llevaron el año pasado.- dijo Ju.
-Esperemos que
esta vez halla agua caliente, porque si no estamos en serios problemas.- dijo
Esme, alarmada.
-Quedate
tranquila Esme, este lugar es precioso y seguro tiene todas las comodidades.
Nos acomodamos y cada
una eligió en que cama dormiría. Por suerte me toco frente a la ventana, lo que
me recordaba a mi habitación en San Martín de los Andes, y me hacía sentir más
en casa.
Luego de tomar un
baño y relajarnos después del largo viaje llegó una de las profesoras a
anunciar el cronograma del día.
-Chicas, como ya
es tarde para hacer la excursión que nos proponíamos pueden quedarse aquí en el
hotel y disfrutar de la pileta, el sauna y el gimnasio o si lo prefieren ir al
centro comercial que esta en frente.- dijo
-Genial, gracias
por avisar- dijo Ju
-Espero que
disfruten su primer día- dijo la profesora, y luego se marchó.
-Levante la mano
la que se queda en el hotel- dijo Carli
Todas levantaron
la mano, excepto yo.
-¿Te vas a ir
So?- pregunto Esme
-Tengo que
comprar algunas cosas que me encargó mi hermano, y prefiero hacerlo lo antes
posible así me saco un peso de encima, además será rápido, lo prometo.
-Como quieras, yo
por mi parte voy a ponerme el traje de baño.- dijo Pau
-Cuidado Paulita,
que con esa figura vas a matar a alguien de un infarto.- dijo Esme
-Jajaja, no seas
tonta Esmeralda.
-Bueno chicas,
las dejo, no me extrañen.
Dicho esto partí
hacia el dichoso centro comercial, y me dispuse a hacer las cosas lo mas
ágilmente posible. Sin embargo mis expectativas fueron refutadas cuando entré
al establecimiento. Era extremadamente grande, enorme.
Pasé por varios
locales, pero en ninguno encontré lo que estaba buscando. Recorrí el primero, el segundo y hasta el tercer piso,
cuando por fin llegué a una casa de electrónica y pregunté por lo que Gregorio
me había pedido. Afortunadamente pudieron ayudarme, y pasados diez minutos ya
estaba fuera de la tienda.
Bajé hasta la
planta baja y me encamine hacia la salida, pero al acercarme me di cuenta que
no era el lugar por el que había entrado. Estaba completamente desorientada y
no sabía hacia donde ir. Comencé a
caminar sin rumbo, sin siquiera mirar, cuando sentí que chocaba contra alguien.
-Lo lamento, soy
una torpe, discúlpeme.
Cuando alcé la
vista no podía dar crédito a mis ojos. Parado frente a mí se encontraba el
chico con el que había soñado todas las noches desde mi incidente con Facundo,
aquel que yo creía que era mi ángel, el que me había enviado Dios para
protegerme. Y es que, ciertamente, su figura era angelical, no tenía
comparación con nada de lo que antes había visto. Sus ojos eran de un verde
esmeralda difícil de describir, con un brillo y una luminosidad que eran
capaces de encandecer. Sus labios esbozaban una sonrisa inigualable, y sus
dientes parecían perlas marinas. Sus brazos eran tonificados, al igual que su
torso, como su ajustada playera dejaba ver. Sin olvidar su cabello, que era lo
que lo distinguía, una maraña de rulos castaños que parecían peinados al azar,
pero que sin embargo estaban en sintonía perfecta con todo su ser. Simplemente
no había sobre la faz de la tierra criatura más hermosa que la que se encontraba
allí, mirándome.
-No te preocupes,
estoy bien, además, es un placer chocar contra una chica tan hermosa.- dijo en
inglés, con un claro acento británico.
No pude hacer más
que sonrojarme. Sin dudas él pensaba que yo no compartía su idioma, pero se
equivocaba, ya que estudio inglés desde que tengo uso de razón y puedo hablarlo
fluidamente.
-Gracias, no se
encuentran extranjeros elogiándote todos los días.-le respondí.*
Su mirada cambio
completamente, y sus ojos ardían de vergüenza. Me eché a reír, pues su
expresión era muy cómica.
-Jajajaja, relájate.
Mi nombre es Sofía, ¿y el tuyo?
Me miró muy
extrañado, como si algo no encajara.
-¿Realmente no
sabes quien soy?- respondió
-No, lo lamento.
¿Eres una celebridad o algo por el estilo?
-Emm, si, algo así.
Estoy en una banda junto con unos amigos. Me llamo Harry, Harry Styles.
-Cool, ¿y estas en una gira?
-Sí, estamos promocionando nuestro nuevo CD.
-¡Genial! Eres inglés ¿no?
-Sí, ¿cómo supiste?
-Se te nota a la milla, nadie aquí viste así.
Y era cierto, se vestía increíblemente bien. Traía puestos unos
pantalones negros, unas converse blancas y una playera del mismo color, y para
sellar el conjunto un blazer azul con un escudo que enarbolaba una H,
probablemente de Harry.
-Jaja, estoy vestido así para el concierto, ya es mas un
uniforme que otra cosa.
-Ojala mi uniforme escolar fuera la mitad de bonito.
-Jajajajaja, todos los uniformes terminan siendo
fastidiosos, creeme.- Miro al cielo como agradeciendo algo, y luego bajo la
vista, posando sus hermosos ojos frente a los mios, con una sinceridad y una alegría
tan notorias que podían percibirse hasta en el aire- Sabes, es lindo conversar con
alguien sin que te salte, te golpe o cosas peores. Hablar contigo es tan, no
se, natural.
-Jajaja, gracias. Por lo que dices ser famoso es más un
suplicio que otra cosa.
-Tiene sus pros y sus contras. Las fanáticas son increíbles
y muy cariñosas, el problema es que a veces se pasan de la raya, entiendes a lo
que me refiero, ¿no?
-Si si, pero siempre puedes estar con las personas como tú,
quiero decir, las celebridades.
-Jajaj, supongo, pero no es lo mismo.
-O sino puedes hablar con la torpe de Sofía que se pierde en
centros comerciales y no tiene idea de como llegar a su hotel.
-Jajajajaja, lo hubieras dicho antes, nuestro representante
contrato a un guía para que no tengamos problemas en la ciudad. Si quieres lo
llamo.
-Me sacarías de un gran problema. Pero… ¿no deberían estar
aquí tus compañeros, o las fanáticas, o alguien?
-Emm… es una historia un poco larga.
-Vamos Harry, no me vas a dejar con la intriga. Además,
tengo como una hora antes de que empiecen a preocuparse por mí.
-Como quieras, la verdad yo tampoco quiero volver a donde
estaba. ¿Por qué no vamos a sentarnos a aquel banco, el que esta cerca de el
café y la fuente?
-Vamos.
Por momentos no me reconocía. Yo, Sofía Kontopolus, quien
jamás hablaba con extraños, y usualmente les tenía pánico, prefería pasar el
resto de la tarde con alguien que me era completamente desconocido a intentar
encontrar el camino de regreso a donde debería estar. Es más, quería que los
minutos con Harry se extendieran en el tiempo, se hicieran infinitos. Cada
momento que pasaba con él, cada sonrisa que me dedicaba, cada mirada, me hacía
sentir un hormigueo en el estomago. Simplemente me era imposible resistir sus
encantos. Era como si cada instante con él me acercara al paraíso, y todo esto
que sentía era más fuerte que yo. Estaba dispuesta a aprovechar su compañía al
máximo, hasta que el inevitable momento de separarnos llegara.
Una vez acomodados comenzó su relato.
*Desde el momento en que Sofía conoce a Harry las conversaciones están escritas en
español neutro en lugar de castellano para diferenciarlas del resto, ya que
estas supuestamente se dan en inglés.