lunes, 28 de mayo de 2012

Capítulo cinco


-No puedo creer que lo halla olvidado, ¡hoy es viernes y aún no tengo que ponerme!- dije a Esme (a la cual le había contado sobre la fiesta) al salir del colegio-

-No te preocupes, podemos ir juntas.

-Gracias Esme, es un alivio, sabés que yo soy terrible para elegir ropa.

-¡No mientas! Siempre vas vestida hermosa.

-Pero… no me refiero a eso. A veces soy demasiado exigente con mi cuerpo, y… me siento como un cerdo en todo lo que me pongo.

-¡Sofía! Debes estar bromeando, tenés una silueta perfecta, y no lo digo porque soy tu amiga.

-Esme…

-Lo digo enserio, es más, me preocupa que pienses así. Podés estar enferma.

-Nah, no creo. Simplemente quiero estar siempre prefecta para Facundo.

-Ay Sofía, si ese chico supiera lo que tiene.

-Jajajaja, yo soy la que tengo suerte. Pero por favor no le digas nada a Paula, se pondría peor de lo que está.

-Confiá en mí, mis labios están sellados.

-¿Y si entramos a este local?- dije, al pasar por una boutique de vestidos, al parecer muy bonitos.

-Dale.

Probé todos los vestidos que la vendedora puso frente a mí, pero ninguno lograba convencerme. Algunos eran muy escotados, otros muy cortos, otros muy largos o simplemente, no me agradaban.

-¡Sofía, no podés ser tan complicada!- dijo Esme

-Te lo dije. Seguramente me voy a ir sin nada en manos y esta noche voy a tener que ir en pijama.

En ese momento la vendedora llego con un vestido completamente distinto a todos los demás. Era color champagne, ajustado en el torso y luego suelto. Tenía algunos brillos en la punta que le daban un toque distintivo y su corte strapless  lo hacía perfecto.

-Este es otro estilo, pero es muy novedoso, quizá te guste.

-¿Gustarme? ¡Me encanta! ¿Puedo probarlo?

-Claro

Lo lleve conmigo al probador e, increíblemente, me hacía ver de maravilla.

-¡Sofía, parecés una princesa! Facundo no te va a sacar los ojos de encima.

-Jajajaja, ojalá. ¿Podría decirme el precio?- dije, dirigiéndome a la vendedora.

-Ese es un modelo exclusivo, así que son $800.

Los ojos se me abrieron como platos. No podía gastar eso, era una fortuna.

-Emm, me parece que voy a tener que seguir buscando.

-So, no te preocupes, yo te presto lo que te falte.- dijo Esme

-Esme te lo agradezco, pero es una locura, voy a necesitar meses de trabajo en el hotel para pagártelo.

-Sofi enserio, me voy a enojar si no lo aceptás.

-Pero…

-Haceme caso, ¿o acaso me vas a hacer buscar vestidos una hora más? ¡Te mato Sofía!

-Sos un sol Esme, enserio.

Salimos del local y nos dirigimos hasta mi casa. Allí Esme me ayudó a maquillarme y a peinarme. Eligió hacerme una trenza en forma de vincha y dejar el resto de mi cabello castaño suelto, con delicados bucles al final. En cuanto al maquillaje, le pedí que fuera moderada, prefiero ver mi rostro al natural. Me colocó una base color dorado que resaltaba el verde de mis ojos y un poco de gloss en los labios. En ese momento, realmente me sentía como salida de un cuento de hadas.

Me despedí de Esme y me encontré con mi hermano en la cocina, ya que iríamos juntos.

-Fiuuuu, Facundo si que se ganó la lotería.- dijo Gregorio al observarme-

-Jajajaja, gracias hermanito, vos también estas muy lindo.- ciertamente, así era. Llevaba un traje que combinaba gris y negro, y lo hacía lucir extremadamente bien-

-Bueno, ¿vamos?

-Vamos

Al llegar me sentí perdida, no conocía a nadie y todos mi miraban, expectantes. Caminé hacia el centro del lugar, buscando a Facundo.

La casa tenía un estilo clásico y elegante, con una escalera de mármol y un hogar con leña ardiente. Las chicas lucían impactantes vestidos y los hombres impecables trajes. Sin dudas no me arrepentía de haberme tomado tanto tiempo en arreglarme, todos estaban radiantes.

-¡Sofía! Que suerte que pudiste venir.- dijo Rocío, dirigiéndose a mí

-Gracias, tenés una casa esplendida, realmente hermosa.

-Me alegro que te guste. Veo que no vinieron tus amigas.

-Emm… ellas…

-La verdad no me importa porque no están, es más, me alegra que no hallan podido venir. Parece que al fin nos estamos entendiendo, después de todo, podríamos llegar a ser amigas.

-Lamentablemente no puedo ser amiga de alguien que no respeta a las personas que más quiero.

-Lástima. Espero que lo disfrutes, querida.

-Lo mismo digo.

Dicho esto Rocío se fue, casi llevándome por delante. Cada día me convencía más de que era una chica detestable.

Comencé a creer que enloquecería si no encontraba a alguien conocido, cuando unos brazos rodearon mi cintura.

-Hola amor, te estaba buscando.


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