Capítulo nueve:
El domingo paso
melancólico y sin grandes sobresaltos. Pude disimular bien mi angustia y mis
padres no notaron lo que me pasaba. Gregorio me pregunto varias veces si estaba
bien, a lo que mentí diciendo que sí. Me dediqué a terminar las tareas que
tenía atrasadas y a estudiar para los exámenes que tenía esa semana.
Finalmente el
lunes llegó.
En la entrada del
colegio estaban Paula, junto con Esme, Juana y Carla. Tome un largo respiro y
me encaminé hacia ellas.
-Chicas, tengo
que hablar con ustedes.
-Pero miren a
quién se le ocurrió volver- dijo Paula, en tono burlón.
-Vine a pedirles
perdón, nunca fue mi intención distanciarme de ustedes y estoy muy arrepentida
de todo lo que paso. Lo siento, enserio.
Todas se quedaron
mirándome con los ojos como platos.
-Especialmente a
vos Pau, siempre tuviste razón, desde el principio, y yo me comporté como una
estúpida al no escucharte. Espero que algún día me puedas perdonar.
Comenzaron a caer
lágrimas por mis mejillas, sin duda estaba muy sensible en los últimos días y
darme cuenta de todos los errores que había cometido me hacía sentir como una
basura.
-Ya, ya, no
llores amiga- dijo Pau, abrazándome- la culpa también es mía. Nunca debí tratarte
como lo hice, no te lo merecías. Supongo que los celos me consumían. Estas
semanas sin vos fueron… difíciles, y lo cierto es que no quiero que volvamos a
separarnos.
-¿Abrazo grupal?-
propuso Esme
Todas nos
abrazamos y dimos vueltas en ronda, como solíamos hacer.
-Entonces, ¿todo
vuelve a la normalidad no?- pregunto Ju.
-Emm, no todo.-
respondí yo.
-¿Qué pasó?-
pregunto Carli, alarmada.
-Facundo y yo…
cortamos.
-¿QUÉ?- dijeron
las tres, al unísono.
-No hacía falta
que fueras tan drástica So- dijo Esme.
-Sí, si hacía.
Era algo que tendría que haber hecho hace mucho tiempo.
-Pero… ¿Cómo fue?
¿Qué le dijiste? ¿Qué te dijo?- pregunto Pau.
-Es una laaaaarga
historia y el timbre ya esta por tocar, después del colegio les cuento.- dije,
como escapando de tener que rememorar los sucesos ocurridos el viernes por la
noche.
-Como quieras, lo
único que deseo es que el idiota esté llorando por los pasillos por haberte
perdido.- dijo Paula.
-Jajajajajaj, es
demasiado orgulloso, nunca te va a dar el gusto.
-El tiempo dirá,
por ahora tenemos otras cosas por las que preocuparnos.
-¿A sí? ¿Cuáles?-
pregunté, desorientada.
-¡El viaje boba!
¿No empezaste a armar las valijas?
En ese momento
todo encajó. Mis padres me habían autorizado un mes atrás, cuando todavía no me
había peleado con las chicas. Luego de eso no hablé más del tema con ellos, y
tampoco con mis amigas, ya que estábamos separadas. Tampoco lo mencionó
Facundo, por lo que lo había olvidado completamente.
-¿Cuándo es?
-¡Este miércoles
nena!- contestó sorprendida Carla.
-¿QUÉ? No puede
ser, es pasado mañana y yo no preparé absolutamente nada.
-Quedate
tranquila, tenés dos días todavía. Yo me preocuparía más en encontrar a un
porteño rubio de ojos claros y olvidarte del estúpido de tu ex.- dijo Carla
-¡Carla! Mira si
me lo voy a olvidar así de fácil, parece que no me conocieras. Además, no tengo
pensado engancharme con alguien que vive como a mil kilómetros.
-Jajajajajajaj,
bueno, solo decía.
En ese momento el
timbre sonó y me dirigí junto con las chicas al salón. En el trayecto divisé a
Facundo. Me miró con ojos suplicantes, y yo le respondí fulminándole con la
mirada. Pude ver en su expresión que había entendido mi mensaje, y entrecerró
los ojos, derrotado.
Esta vez estaba
decidida, no volvería a cometer el mismo error.
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